El valor del aprecio
- Carmen Farelo Rodríguez
- 28 sept 2022
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 7 oct 2022
Haz que la otra persona se sienta importante, y hazlo sinceramente #DaleCarnegie
Dale Carnegie fue un empresario y escritor estadounidense, el cual comenzó a indagar en las relaciones humanas y la mejora personal. Esto sucedió a raíz de pequeñas charlas y cursos que hizo sobre cómo hablar en público, donde se dio cuenta que la gente se interesaba más cuando se hablaba sobre problemas personales y la superación de estos.
Con todo el aprendizaje que adquirió enseñando a otras personas, escribió Cómo ganar amigos e influir sobre las personas, libro que se ha convertido en una total referencia en lo que se refiere al autocontrol, asumir responsabilidades y cómo tratar con las personas, donde habla sobre técnicas fundamentales para ello, además de analizar el comportamiento al que tienden los humanos.
Si quieres recoger miel, no des puntapies a la colmena – Dale Carnegie
Esta cita podría resumir a la perfección cómo los humanos se auto sabotean a la hora de tratar con otros, y más si están bajo tu cargo. Es por ello que para que esto no suceda, Carnegie da ciertos tips para convertirnos, o por lo menos dar la sensación de ello, en personas empáticas y agradables, algunas de ellas tan sencillas como sonreír, mostrar interés y entusiasmo con las ideas de otros, o dejar que las personas se sientan a gusto en la conversación. Sin embargo, hay otras cuestiones que no salen de manera tan natural en los humanos y que deberíamos aprender, como:
- No criticar ni quejarse.
- Admitir rápidamente un fallo o error.
- Dejar que las demás personas también se sientan protagonistas.
- Intentar honestamente ver las cosas desde el punto de vista de la otra persona.
- Mostrar respeto por las opiniones de los demás. No debemos juzgar a nadie, evitando así un confrontamiento.
Pero, ¿qué pasa cuando queremos cambiar a las personas sin ofender o despertar un presentimiento?
1. Iniciar la conversación con aprobación y apreciaciones honestas del
trabajo realizado.

2. Marcar los errores de manera indirecta, es decir, hacer un planteamiento de manera general y no concreta, para así ver cómo va a reaccionar.
3. Hablar de nuestros propios errores antes de citar los de la otra persona.
4. Hacer preguntas en lugar de dar órdenes directas. Hay que dar un abanico o diferentes órdenes entre las que pueda elegir.
5. Dejar a la otra persona defenderse. No machacar a la otra persona. Esperar a que esa persona haga mejoras.
6. Elogiar cada mejora.
7. Generar y fomentar una buena reputación acerca de los demás.
8. Usar la inspiración y la motivación para lograr que los fallos se vean fáciles de corregir. Generando que tenga más ganas de hacer su trabajo.
9. Hacer que la otra persona se sienta feliz de hacer lo que se le sugirió.
Todo ello haciéndolo con honestidad y sinceridad.
Por último, Carnegie con este libro nos hace verdaderamente reflexionar sobre cómo se comportan los humanos, ya que vivimos en una sociedad donde constantemente buscamos a un culpable, hay un exceso de crítica e incluso tiramos piedras a nuestro propio tejado, desmejorando la imagen que mostramos a los demás. Es por ello que, en vez de criticar a las personas, se deberían criticar los hechos, apreciar más a los demás y reconocer las debilidades de uno mismo para así poder mejorarlas o convertirlas en una fortaleza.
Personalmente, en el pasado he criticado en exceso, quizá por inmadurez, quizá por inseguridad o simplemente por copiar lo que veía a mi alrededor, ya que cuando comencé la adolescencia en mi primer grupo de amigas recuerdo que siempre que una no estaba se comenzaba a criticarla, aunque fuera de algo que no viniera a cuento, su carácter, su ropa... Lo recuerdo muy bien ya que dejamos todas de ser amigas porque descubrimos que todas nos habíamos criticado entre todas, supongo que nunca nos habíamos planteado que si cuando una de nosotras no estaba lo hacíamos, cuando en este caso faltabas tú, ocurriría lo mismo.
He ido avanzando hasta llegar a los amigos que tengo ahora, donde tengo que destacar a una de ellas, que es la mejor persona que he conocido nunca. A ella le hicieron bullying en el colegio por tener el pelo rizado, el otro día en las fiestas del pueblo vio a la principal persona que se metía con ella y, a pesar de todo, habló bien de él.

Por eso creo que hay que aprender de los errores de uno mismo, saber que está bien cambiar de opinión y sobre todo, hay que ser conscientes de ese cambio y querer hacerlo. Es decir, tras aprender de mi pasado, creo que lo más correcto es siempre evitar una crítica, ya que es algo muy personal que no debería influir en la opinión de nadie, además de fomentar ese juicio hacia los demás. Creo que el mundo necesita de más comentarios positivos o constructivos, que fomenten el cambio, y no que solo muestren lo malo.
Cuando pienso en todo lo nuevo que he ido aprendiendo a lo largo de mi vida, me planteo como lo voy a aplicar en un futuro, por ejemplo, cuando entre en un nuevo trabajo. Definitivamente pienso que no voy criticar a nadie, voy a intentar intentar empatizar con las personas de mi alrededor, animar y elogiar a mis compañeros y, en el caso que me pidan opinión y esta es negativa, decirlo primeramente hablando de las cosas que si que me gustan y sobre cómo mejorarlas. Creando así una imagen de mi misma positiva y de respeto hacia los demás.
Además, también quiero resaltar que una opinión no implica una crítica, simplemente las personas tenemos diferentes visiones en cuanto a una misma cosa, pero ello no tiene que implicar que una sea correcta y la otra errónea, sino simplemente diferente, y es que en la variedad encuentras la belleza.




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